Reflexiones en torno al ciberactivime sindical

Por Mónica Pedrayes

Transcripción de la intervención de Mónica Pedrayes, sindicalista de FECOTH de CCOO de Aragón en la Jornada sobre redes sociales y sindicatos, organizada por la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO de Cataluña, el 3 de diciembre de 2010

A la hora de preparar esta charla, empecé contraponiendo las redes sociales a los bloques. Después me di cuenta de que iba error. No se trata de establecer un debate desde el punto de vista de la competencia entre un medio de comunicación y otro, sino de conocer en profundidad las ventajas de ambos para poder usarlos como organización sindical.

Individualmente, cada uno de nosotros podemos tener un objetivo a la hora de crear un blog o utilizar una red social. Ahora bien, como organización sindical, el objetivo debería ser crear una corriente de opinión favorable a través del cual podamos divulgar nuestros puntos de vista en materia de derechos sociales, laborales y sindicales. Creo que todos los que estamos aquí tenemos claro que, últimamente, ni los medios de comunicación, ni los políticos, ni los empresarios nos facilitan mucho esta corriente favorable: todos están interesados en distorsionar la idea que queremos transmitir. Por eso es importante encontrar en la red una manera de transmitir nuestras ideas y de hacernos entender.

Como muchos de vosotros sabéis, todo esto que os cuento no es nuevo, pero hay un antes y un después en el uso de estas herramientas. El responsable de este punto de inflexión, al margen de que su acción política nos parezca mejor o peor, es Barack Obama: su equipo tuvo visión de futuro. En un país donde los grandes lobbies constituyen una parte muy importante de la campaña política, el equipo de Obama cambió la historia, se acercó al pueblo a través de la red (los bloques, el canal YouTube …) y, hasta y todo, consiguió recaudar dinero para financiar la campaña.

Cuando Obama decidió que informaría directamente a los ciudadanos interesados en conocer su candidato a la vicepresidencia-ellos serían los primeros en saberlo-, no estaba simplemente haciendo marketing político. Era también una manera de reconocer como se había ido construyendo su campaña: horizontalmente y sin jerarquización. De esta manera convertía los militantes del partido en ciberactivistas.

¿En qué difiere una organización política 2.0 de una tradicional? (Esto también es aplicable a los sindicatos.) No se diferencian en los bloques o los vídeos colgados en YouTube, sino en la nueva manera de establecer la comunicación: una nueva comunicación simétrica, en la que el ciudadano no sólo es receptor de un mensaje sino que también puede convertirse en emisor. Es una nueva cultura en la que los dirigentes políticos o sindicales, además de tener influencia, también se dejan influir. Resumiendo: hablamos de una forma organizativa que permite abandonar los modelos cerrados y jerárquicos a fin de flexibilizar los mismos y hacerlos más participativos y democráticos (es decir, que el líder no impone su criterio, sino que la recopilación de las bases, le da forma y retransmite).

La cultura digital es capaz de transmitir una visión global de la realidad local además de crear fórmulas más abiertas y puntuales para la colaboración: nuevos códigos relacionales y de socialización de intereses, reconocimiento a los liderazgos que generan valor y sensibilidad por los temas más cotidianos y personales … En definitiva, conecta con movimientos de fondo de nuestra sociedad: placer por el conocimiento compartido y por la creación de contenidos, rechazo a la verticalidad organizativa …

El informático Eric S. Raymond denomina esta nueva forma de organización el bazar, que contrapone al otro modelo organizativo, denominado la catedral. Las catedrales, argumenta Raymond, son creaciones colectivas, pero lo son de forma jerárquica. Un individuo, el arquitecto, es el responsable principal del producto. Dispone de un puñado de personas que se responsabilizan de las tareas centrales y así la cadena de mando va bajando jerárquicamente hasta llegar a los obreros, que se limitan a colocar las piedras. Por el contrario, el bazar implica que todos se organicen de igual a igual, negociando las diferentes acciones sin jerarquía última que decida qué está bien o mal. Las reglas, acuerdos, necesidades y resultados se pactando a medida que se desarrolla el proyecto.

Las redes descentralizadas posibilitan un nuevo tipo de liderazgo, de carácter más creativo y seductor. También ofrecen la oportunidad perfecta para renovar programas, propuestas y mensajes gracias a la inteligencia colectiva de los ciberactivistas. El periodista James Surowiecki, en el libro La sabiduría de la multitud o por que la mayoria se más inteligente que la minoría, argumenta de manera muy poderosa la tesis de que el grupo hay más sabiduría que en cada uno de los miembros más inteligentes del grupo . La participación electrónica debe ir más allá del simple hecho de consultar a los ciudadanos con preguntas que se responden con un sí o un no, e invitarlos a construir y debatir propuestas.

A modo de conclusión: necesitamos la sabiduría de las multitudes en las organizaciones sindicales. Es vital que el conocimiento y el debate fluyan de manera abierta. Las dificultades sociales a las que debemos hacer frente, a escala local y global, exigen que el talento y la creatividad latentes en la red penetren en las estructuras de las organizaciones sindicales y las reaviven, a fin de actualizar su concepción básica: el servicio público.

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