La nieta, de Bernhard Schlink

Una reseña

“La nieta” es una de las últimas novelas del escritor alemán Bernhard Schlink (1944). Jurista de profesión, Schlink se inició en la escritura con cuatro novelas policíacas. En 1995, dió un salto temático con la publicación de “El lector”, libro, en parte, de corte autobiográfico, en la que el papel de la cultura -en este caso, de la lectura-, y la memoria histórica cobraban importancia. Cuestiones como el papel que puede desempeñar -o no- la cultura en la redención de las personas y el impacto que tiene un pasado personal dañino -para quien lo perpetra y para quienes son víctimas de tal pasado- eran algunas ideas clave de aquella obra, que tuvieron continuidad en “La nieta”. Schlink añadía otra capa a tales cuestiones, en ambas obras, porque el pasado personal descrito se interrelacionaba y se veía dramáticamente condicionado por acontecimientos históricos de gran calado, por la historia en mayúsculas; el nazismo, en el caso de “El lector”; la evolución de la RDA, la partición de Berlín desde la construcción del muro, o la emergencia de la extrema derecha tras la caída del muro, en “La nieta”.  

La historia en minúsculas de “La nieta” tiene como protagonistas a un matrimonio, Birgit y Kaspar, sin hijos, y casi en la setentena, que vive en Berlín; él, originario de Alemania occidental (de Renania, como el propio Bernhard Schlink); y ella, cuya infancia y adolescencia había transcurrido primero en Berlín y, después, en Berlín Este. La historia en minúsculas tiene como punto de partida cronológico, que no coincide con el de la novela, con el encuentro entre ambos, ya estudiantes, en Berlín, en 1964. Birgit huye por amor, y porque no comulga con el nuevo régimen, para instalarse en el Berlín capitalista junto a Kaspar. Décadas después, Birgit fallece, y Kaspar descubre lo que su esposa había dejado atrás, cuando huyó de la RDA, y nunca le había contado: una traición sentimental… y un bebé a quién ella abandonó. Kaspar, desconcertado y, en el fondo, esperanzado, ante la perspectiva de recuperar una familia, decide buscar a la hija perdida. Cuando consigue localizarla, en Alemania oriental (Sajonia), descubre que está casada con un neonazi, que tiene una hija, Sigrun (La nieta), y que vive en una comunidad rural de extrema derecha. Restablecidos los lazos, Kaspar intentará entrar en la vida de Sigrun e influir en su futuro.

“La nieta” es una novela estructurada en tres partes. La primera, narra la vida en común de Kaspar y Birgit… y el desarraigo que experimenta Birgit, explicado por ella misma a través de sus apuntes, único momento en que Schlink deja de lado el narrador omnisciente, usado en buena parte del libro, y cede el testigo a las explicaciones en primera persona de la propia protagonista, a través de sus apuntes. En esta parte,el autor abandona, hasta cierto punto, el estilo contenido y sobrio que tiñe todo el libro, para adoptar un tono más emotivo. La segunda parte, es la historia de la búsqueda de Kaspar, una vez muerta su mujer y, sobre todo, de la convivencia intermitente de aquel con Sigrun. La tercera parte, a modo de colofón, es la historia de Kaspar con su nieta.

En la primera parte, se hace sentir muy nítidamente el peso de la historia; la historia, en mayúsculas, influye en las historias personales de los protagonistas. En estas páginas, la novela transita por los tiempos de la división de Alemania. Por la RDA, con la que Birgit se desencanta, ante un “nuevo comienzo” fallido, como demostraba la suerte que habían corrido líderes políticos como Havemann o Biermann… aunque el problema era más profundo; la antigua RDA se convierte para ella en una terra incognita que no quiere conocer y a la que no puede volver. La novela transita también por la RFA berlinesa. La condescendencia de los occidentales con los alemanes del este le causa repulsión, y le lleva a confesar “que le habría convenido no decir que acababa de huir de la RDA […]. No me sentía integrada” y no lo sentirá en ningún momento (pág. 109). Birgit escribe: “yo ya no estaba ahí, pero tampoco aquí”. Este desarraigo se convierte en una travesía por un desierto que nunca acaba. Su matrimonio con Kaspar es una especie de oasis, “es el gran consuelo de su vida”, aunque, como todo consuelo, es insuficiente: “No es ese perderse para siempre lo que me entristece. Pero sí el vacío. El vacío, el dolor del vacío, el dolor.”

La solución de Birgit será huir siempre hacia adelante, esconderse, incluso de Kaspar, para combatir la falta de suelo firme, ideológico y vital, que ella siente bajo sus pies. La solución es fluir con el alcohol “aprendí que se puede beber alcohol sin que el aliento nos delate», y con proyectos continuamente emprendidos y, finalmente, interrumpidos. También con la escritura, entendida como instrumento de sanación. Birgit escribe para sí misma. La búsqueda de la hija abandonada, la visualización de los posibles futuros alternativos que podrían haberse dado en su vida, forman parte de la preparación para una línea de acción -reencontrarse efectivamente con su hija y “ponerse a su disposición”- que nunca llega a ejecutarse. La inacción de Birgit explica la acción de Kaspar. Su empeño por restablecer los lazos con el pasado de su mujer, pasado que le ha sido escamoteado, es un intento de redención. Y también de recuperar un orden, un proyecto vital que no ha podido desarrollar con su esposa. 

La segunda parte de la novela abre un nuevo escenario, también muy vinculado a la realidad social y política de la Alemania de las últimas décadas, con la irrupción de la extrema derecha, centrada, en esta obra, en los territorios de la extinta RDA. Schlink describe las diversas formulaciones que adopta esta línea ideológica: aparecen los cabezas rapadas, los asentamientos “volkisch” etnonacionalistas y los nacionalistas autónomos. Kaspar, del que no se nos aclaran sus convicciones políticas pero que, en todo caso, está muy lejos de toda orientación extremoderechista, topará con un tupido armazón ideólogico que lo separa de la hija de Birgit y de Sigrun: el estilo de vida, la discriminación de género, las festividades y ritos populares, los uniformes, la literatura neonazi, o negacionista del holocáusto, con lecturas de cabecera de la niña como “La verdad sobre el diario de Ana Frank”, “Baska y sus hombres”, o los referentes históricos (Irma Grese, Rudolf Hess, Hitler…). Todo ello conforma una arquitectura de adoctrinamiento que condiciona a la hija y a la nieta, y que, siempre, pone en evidencia que Kaspar no es “uno de ellos”.

¿Cómo sortear las suspicacias de la familia de Sigrun, del padre neonazi, pero también de la madre, acólita de su marido en el plano político? Ellos no toleran  otro escenario que no sea el de una hija plenamente convencida de los valores de extrema derecha que le han inculcado. ¿Cómo apartarla de la ideología völkisch, de la perspectiva de vida que proyecta en la nieta tal ideología? ¿Cómo dar en la tecla? La rendija se abrirá con la música. Schlink ha afirmado, en diversas entrevistas, “la cultura no nos hace mejores, solo supone una oportunidad”. Kaspar, y antes Birgit, ella más que él, han sido melómanos toda su vida. Desde el espectro ideológico de la extrema derecha, la música también es un valor importante. Schlink se refiere en la novela a la pasión de Hans Frank, gobernador general, y un terrible criminal de guerra nazi, “el carnicero de Polonia”, “que había tocado emocionado a Chopin en el castillo de Cracovia” (pág. 187). Hitler, al margen de la arquitectura, tiene la música como su otra gran pasión. Aunque para él, “solo contaba la música alemana” (Ian kershaw, Hitler, 1889-1936, p. 66-67). Entre otros, sus compositores favoritos fueron Wagner, Beethoven y Brahms. En el plano literario, otras obras recientes como  la penúltima y experimental novela del reciente Premio Nobel de literatura László Krasznahorkai, “Herscht 07769. La novela bachiana de Florian Herscht” (2021), explota la devoción por la música, en este caso barroca, a través de Johann Sebastian Bach, que se siente en los sectores de extrema derecha, también en un contexto rural, en Alemania oriental.

Kaspar empezará a dialogar con Sigrun a través de los libros, de la historia de Alemania, de visitas a lugares significativos… pero, sobre todo, a través de la música. A partir de invitarla a conciertos de compositores alemanes (Beethoven, Brahms y Bach…), pero también de otros orígenes; a partir del “Pequeño libro de Anna Magdalena Bach” y, a partir de las clases de piano, construirá un puente de emociones, resguardado de la familia de Sigrun, que le dará esa oportunidad que necesita para aproximarse a su nieta, para modelar un nuevo “nosotros”, y mostrarle otros horizontes y otros mundos. A través de la música y de un teclado, Sigrun empezará a escuchar y a dudar.

Valoración

La nieta” es una novela fluida, de lectura rápida y que, pese a parecerme un poco irregular, tiene un innegable interés histórico y político, en su recorrido panorámico por los últimos sesenta años de Alemania. Incluye otros detalles interesantes, no mencionados con anterioridad, como las vías que tenían los alemanes orientales para abandonar la RDA hacia la Alemania occidental, o la circulación -e interacciones sociales- de los berlineses entre las dos zonas de su ciudad. En otro plano, esta es una obra que pone en el tapete cuestiones de máxima actualidad en los tiempos que corren: el impacto de la educación y los valores que transmitimos a nuestras hijas e hijos; o los medios que podemos usar para contrarrestar y combatir a las ideologías de extrema derecha; especialmente, en las situaciones en que tales ideologías están más arraigadas en las personas con las que tenemos vínculos afectivos. En fin es un libro que se debería leer y que, en cualquier caso, activa fácilmente el radar sobre las futuras obras que pueda producir este autor. Alguna que otra, está presente en la Biblioteca de CCOO de Catalunya.

junio de 2026

David Monsergas
Fundació Cipriano García – Biblioteca

También de Schlink, en la Biblioteca de CCOO de Catalunya

El lector”. Barcelona, Anagrama. 203 p.